Andrés, el primer médico con condición de autismo que busca hacer el ENARM de forma oral
3 agosto 2026.- (EXONLINE) Hubo un tiempo en que sostener un lápiz parecía una misión imposible. En el preescolar le dijeron a Irene Macías que su hijo probablemente nunca avanzaría como los demás. Escribir unas cuantas líneas lo hacía llorar. Mientras otros niños llenaban planas, Andrés apenas lograba controlar el movimiento de la mano. Los primeros diagnósticos llegaron cuando tenía seis años: dislexia y disgrafía. Más tarde apareció el que terminaría por explicar su forma distinta de aprender: autismo.
Durante años el mundo le repitió que no podría. Veinte años después, Andrés González Macías sostiene un título de médico.
Tiene 25 años. Se graduó de la Universidad de Guadalajara (UdeG) con calificaciones sobresalientes, obtuvo un resultado de excelencia en el Examen General para el Egreso de la Licenciatura (EGEL Plus de Medicina General), que presentó de forma oral, y se tituló con la máxima calificación. Hasta donde su familia ha podido documentar, es el primer estudiante con condición de autismo con severas dificultades de lectoescritura que concluye la carrera de medicina a nivel mundial.
Pero el título nunca fue la meta. Desde niño sueña con convertirse en paidopsiquiatra. Y para lograrlo enfrenta una nueva batalla.
La Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud (CIFRHS), responsable del Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM), decidirá si le permite presentar la prueba con ajustes razonables.
“Quiero conseguir mi sueño. Todavía tengo edad para lograrlo. Tengo 25 años”, dice Andrés en entrevista con Excélsior.
Sonríe al reconocer el desgaste que ha significado llegar hasta aquí. “Tal vez estoy un poquito loco por seguir haciendo esto, porque la verdad es muy cansado”.
Su dificultad nunca ha sido comprender la medicina. Ha sido leerla.
“Yo puedo leer un letrero pequeño o palabras aisladas, pero estudiar así, no. Yo no tengo ese talento para escribir textos largos. Por eso no estudié literatura”.
Su fortaleza está en otro lugar. Tiene una mente profundamente analítica. Encuentra soluciones donde otros sólo ven obstáculos.
“Lo que me gusta de mí es que soy un poquito más creativo para resolver problemas”.
Su padre, Diego de Jesús González Beltrán, recuerda aquellas tardes interminables de primaria.
“Andrés era brillante para las matemáticas, para aprender y adquirir conocimiento, pero escribir una plana era la cosa más difícil que puedas imaginar. Lloraba porque simplemente no podía hacerlo”.
Mientras el sistema educativo construía el aprendizaje alrededor de la lectura y la escritura, Andrés aprendía escuchando.
“El problema es que prácticamente todo el sistema educativo está diseñado para quienes aprenden leyendo. Él aprende distinto”.
El abogado explica que una persona puede leer visualmente alrededor de 300 palabras por minuto, mientras que una lectura asistida reduce ese ritmo aproximadamente a la mitad. Esa diferencia coloca a Andrés en desventaja en un examen diseñado para resolverse contra reloj.
No sería la primera vez que una adaptación le abre una puerta. El examen de admisión para ingresar a la Universidad de Guadalajara fue oral. También el EGEL de Medicina. En ambos casos demostró que el problema nunca fue su capacidad para ejercer la profesión, sino el formato del examen.
“La pregunta importante es si tiene o no la capacidad para ser médico”, dice su madre. “Creo que eso ya quedó demostrado”.
Quizá por eso una de las mayores frustraciones de Andrés es seguir sorprendiendo a los demás con cosas que para él son completamente normales. Cuando llega manejando su propio automóvil, las personas suelen decirle que no imaginaban que pudiera conducir.






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