Apelan científicas mexicanas en la BUAP a impulsar el pensamiento científico en las jóvenes – Monitor Poblano
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Apelan científicas mexicanas en la BUAP a impulsar el pensamiento científico en las jóvenes

PUEBLA.-Abril 30 del 2026.-El estudio de la Fibrosis Pulmonar Idiopática (FPI) siempre origina nuevas preguntas que tendrán que ser atendidas por las nuevas generaciones de científicas, refirió la doctora Annie Pardo Cemo al abrir la Cátedra Magistral Dra. Matilde Montoya en el salón Barroco de la BUAP, donde habló de este padecimiento y sus contribuciones como investigadora, las cuales demostraron que es una enfermedad celular y no inflamatoria.

La Cátedra Magistral Dra. Matilde Montoya es una iniciativa propuesta por legisladoras del Congreso del Estado de Puebla y por integrantes del Consejo Consultivo Académico de este órgano, el cual está integrado por nueve instituciones de educación superior, entre ellas la BUAP. El objetivo fue que miles de niñas y jóvenes escucharan en una transmisión digital, las experiencias científicas de destacadas investigadoras en México, como las biólogas Annie Pardo y Rosaura Ruiz Gutiérrez, secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación.

Fibrosis Pulmonar Idiopática (FPI): daño a nivel celular

Durante su ponencia, la doctora Pardo Cemo mencionó que la FPI es una enfermedad respiratoria progresiva, irreversible y letal en un plazo breve, con mayor incidencia en adultos mayores, con registros muy bajos en jóvenes.

Al hablar de la estructura del pulmón y cómo se modifica con la FPI, recordó que este tipo de padecimiento despertó su interés por ser un tipo de fibrosis muy agresivo: “La Fibrosis Pulmonar Idiopática es de las peores; al cabo de tres años de ser diagnosticada, la mitad de los enfermos fallece, entonces nos preguntamos con nuestro grupo de trabajo y otros colegas, qué hace tan diferente esta enfermedad de otros tipos de fibrosis”.

Basados en observaciones experimentales y teóricas, Annie Pardo y su equipo elaboraron una hipótesis en la que plantearon que la inflamación no era un mecanismo patogénico, logrando comprobar que la FPI no resulta de una inflamación crónica, sino de un fenómeno de daño y reparación aberrante a nivel celular, donde las células epiteliales activan fibroblastos de manera descontrolada, es decir, los pulmones no se inflaman, sino que el daño es a nivel celular.

Su investigación, realizada en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), también facilitó la identificación de mecanismos moleculares que contribuyen a desarrollar terapias que detendrían la progresión de la FPI.

“Cada vez hay mayores herramientas que nos ilustran sobre lo que pasa con el epitelio, ahora hay una metodología nueva que se llama la secuenciación de ARN de célula única, y así pudimos enfocar a todas estas células aberrantes del epitelio; es decir, identificamos la expresión de células individuales, detectando subpoblaciones que no se conocían. Con esto se pueden estudiar los posibles roles en la patogénesis de una enfermedad, lo que ha sido un avance kilométrico en la ciencia”, refirió.

Este método, destacó la científica, demostró que en el pulmón hay más de 40 tipos de células, lo que permite diseñar moléculas que vayan específicamente sobre un tipo celular: “Avanzamos en ciencia y aunque surgen nuevas preguntas, las jóvenes tienen que abordarlas para resolver lo que aún falta”.

Para concluir, Annie Pardo, quien tiene un reconocimiento internacional por su liderazgo en el estudio en la comprensión molecular de las enfermedades fibrosantes, habló de la conexión entre la FPI con el envejecimiento por mecanismos relacionados con el acortamiento prematuro de los telómeros. Asimismo, destacó sus contribuciones relacionadas con la matriz extracelular. Su pronunciamiento final se dirigió a las estudiantes para que encuentren en la ciencia las respuestas que aún no existen.

La evolución es la transformación de las especies

En la segunda intervención de la Cátedra Dra. Matilde Montoya, la doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez, titular de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) federal, refirió que el origen de la vida y la Tierra deben enseñarse en las escuelas, a través del pensamiento científico. Indicó que la idea del origen de la evolución surgió con Charles Darwin, quien prefirió usar el término “transmutación” en lugar de evolución, debido a su asociación con el “desarrollo”.

“La evolución biológica es la transformación de las especies en el tiempo y no un acto milagroso. Un hecho tan demostrado con amplias evidencias científicas. Es un proceso dinámico y continuo cuyo resultado es la gran diversidad de formas, extintas y vivientes, que han poblado el planeta”, señaló la ex directora de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Ante estudiantes y asistentes reunidos en el Salón Barroco del Edificio Carolino, la investigadora indicó que después de Darwin la ciencia ha avanzado rápidamente y surgieron nuevas ideas y términos, como el de selección natural, mutación, adaptación, herencia por ADN, deriva génica, selección multinivel, entre otros.

“Hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX empezaron a desarrollarse teorías que plantearon la transformación de las especies y el origen natural de los seres vivos. Esto implica conceptualmente la transformación de la visión estática del mundo e introdujo la idea de cambio permanente, a través de largos períodos, tanto en la Tierra como en los seres vivos”, comentó la titular de la SECIHTI.

La doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez, especialista en teorías evolutivas, también compartió algunos aspectos de la vida de Charles Darwin y su viaje en el navío Beagle, el cual reafirmó su vocación científica para dar a conocer la diversidad biológica por medio de la colecta de flora y fauna.

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