En el periodo que abarca de enero a septiembre de 2020 el COVID-19 ha cobrado más de un millón de vidas en todo el planeta. El número de decesos diarios sigue aumentando y parecería que la evolución de la epidemia se ha agravado a pesar de todas las medidas que se han tomado desde hace meses. A pesar de ello, existen indicadores que permiten identificar algunas señales esperanzadoras en torno a la evolución de esta crisis mundial. Uno de ellos es el cambio porcentual unitario mes a mes del número de decesos.

Para comprender este indicador se puede plantear una analogía con el crecimiento de una persona. Al cumplir tres años, un varón promedio crece alrededor del 10% respecto a su estatura al cumplir 2 años, esta tasa decrece al 8% al cumplirse el cuarto año, al 6% al cumplirse 5 años y al 5% al sexto año (ver figura 1). La tasa porcentual muestra una estabilización en el 4% desde los 7 a los 14 años, para luego decrecer hasta 0 al cumplirse 18 años. Cualitativamente, este tipo de comportamiento aparece en diversos procesos naturales, incluido el desarrollo de epidemias.

En marzo de 2020 el cambio porcentual unitario en el número de decesos mensual a nivel mundial fue del orden de 1,027%1, el registro del 1° de abril fue aún peor, alcanzando un catastrófico 1,385%. El indicador comenzó a descender a partir de mayo hasta alcanzar cierta estabilidad alrededor del 20% durante los últimos dos meses. Siguiendo la analogía, es esperable un repunte previo a un descenso definitivo (ver figura 2). El tiempo necesario para tener crecimiento cero puede acortarse drásticamente en el caso de que se cuente con una vacuna eficiente y de alcance universal en el corto plazo.

México presenta un comportamiento cualitativo semejante. La tasa de crecimiento porcentual reportado el 1° de junio fue de 434% con respecto a su contraparte del 1° de mayo. Esta tasa ha disminuido hasta alcanzar una relativa estabilidad en un valor cercano al 20%, coincidiendo con el comportamiento a nivel mundial.

Si bien la pandemia es un proceso extremadamente complejo, ésta necesariamente exhibe algunos comportamientos simples presentes en cierto tipo de procesos asociados a crecimiento de sistemas. Ello permite realizar inferencias útiles a pesar de las incertidumbres inherentes al estudio de la pandemia2.

Referencias:

1.-Los datos del número de defunciones está tomado de la base de datos consultable en la dirección electrónica: https://ourworldindata.org/covid-deaths

2.-A. Sandoval-Villalbazo, “Fórmulas matemáticas simples no pueden predecir evolución del COVID”, Prensa Ibero, 29 de mayo de 2020. https://ibero.mx/prensa/formulas-matematicas-simples-no-pueden-predecir-evolucion-del-covid 

Ver también la nota en La Jornada de Arturo Sánchez Jiménez, “La aparición de virus escapa a fórmulas predictivas exactas” (31 de mayo de 2020). https://www.jornada.com.mx/2020/05/31/politica/005n1pol 

*Dr. Alfredo Sandoval Villalbazo, académico del Departamento de Física y Matemáticas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México e Investigador Nacional Nivel II (SNI).

Twitter: @Fred_FisMat