(EXonline / PASCAL BELTRÁN DEL RÍO)

Cuando sacas a la gente de la pobreza, y llegan a clase media, se les olvida de dónde vienen,

porque la gente piensa como vive (...) se les olvida de dónde vienen y quién los sacó.

Yeidckol Polevnsky

Hace unos días, estudiantes del Colegio de Bachilleres del Estado de Veracruz subieron selfies a las redes sociales con los mil 600 pesos que les dieron por ser beneficiarios de la “beca Benito Juárez” que otorga el gobierno federal, y no faltaron quienes criticaron duramente a los jóvenes. Se mofaron tan acremente de que una de ellas subiera a su cuenta de Facebook la frase “gracias, abuelito, cabeza de algodón #TeamAMLO”, que la adolescente tuvo que borrarla.

Con ese tipo de comentarios se quiso cargar a los jóvenes la responsabilidad de ese gasto de recursos públicos.

Nada más equivocado. Si a alguien hay que señalar es a los legisladores que lo crearon, siguiendo órdenes del nuevo gobierno.

Es importante no perder el foco: esos “programas sociales” no están diseñados para liberar a la gente de la pobreza sino para someterla más, para crear clientelas dependientes de la asistencia gubernamental, para que éstas nunca puedan salir adelante por sus propios medios y siempre deban el “favor”.

Como dice el epígrafe de esta entrega de la Bitácora, el objetivo es que la gente recuerde quién le dio la ayuda. Y la mejor manera de que suceda eso es que nunca salga de la pobreza.

En México sabemos de eso. En tres décadas de entregar dinero a los mexicanos más pobres, ninguno ha salido de la miseria. Es más, los primeros beneficiaros heredaron esa condición económica a sus hijos y estos a los suyos.

Vergonzosamente, en este país hay ya tres generaciones de personas que no han logrado salir del círculo vicioso de la asistencia social.

Y seguramente vamos por la cuarta, porque los llamados “programas integrales de bienestar” de la Cuarta Transformación son más de lo mismo. Lo digo literalmente: la única diferencia entre los “programas sociales” de este gobierno y los anteriores es el monto mayor de dinero público destinado a esos efectos y el número más grande de beneficiarios.

Si nos atenemos a lo ocurrido en el pasado, el resultado será idéntico. Es decir, nadie saldrá de la pobreza gracias a esos programas y quienes los reciben tendrán una mayor dependencia de la asistencia gubernamental. No hay razones para pensar que esto genere algo distinto.

He escrito aquí muchas veces que en un país como éste debe haber ayuda social, pero que ésta debe ser temporal y focalizada y debe contar con instrumentos de medición de resultados. De otro modo, los subsidios se vuelven un enorme desperdicio de recursos públicos y un grillete que impide que la gente salga adelante por sí misma, como debe hacer toda persona libre.

Los jóvenes bachilleres que presumieron el dinero en redes sociales son víctimas de autoridades que les regalan el dinero. Seguramente no tienen capacidad de entender el daño que les están haciendo. No tendrían por qué tenerla.

 

Si a alguien debe dirigirse la crítica es a la autoridad que construyó ese programa con la clara intención de que se note a quién le deben la entrega de los recursos. Y no me refiero al contribuyente que paga sus impuestos sino al gobernante que usa ese dinero con fines políticos, como si fuera suyo.