Puntos de Vista

¿Informes cada cien días? ¿Por qué no somos serios?

(EXonline / ÁNGEL VERDUGO)

Ayer se cumplieron los primeros cien días del presente gobierno; 31 días de diciembre, 31 de enero, 28 de febrero y 10 de este mes suman cien días. Hoy, el día 101 se celebrará tan fausto acontecimiento. Franklin D. Roosevelt recurrió al recurso que llamaremos Los primeros 100 días en el año 1933; la crisis económica obligaba a buscar la colaboración con el Congreso. Este periodo, los 100 días, permitiría generar los consensos necesarios y fortalecer la colaboración entre ambos Poderes.

Al paso de los años, este plazo y su uso fue siendo tergiversado e incluso prostituido hasta llegar al espectáculo casi circense que hemos armado. Hoy, por ejemplo, nuestro gobernante plantea rendir un informe por lo logrado estos primeros cien días cuando, jamás fue esa la intención de este plazo y, aún en los tiempos actuales, resulta todo un despropósito pensar en un informe de los primeros cien días.

¿Acaso estamos en vísperas de ser testigos de miniinformes cuyo fin real, más que informar, sería la manipulación mediática con miras a la cooptación electoral, y a la generación de nuevas clientelas políticas y reforzamiento de las existentes?

La transparencia en la gobernación es, en los tiempos actuales, una labor que se apoya, más en la tecnología y las capacidades y ubicuidad de las redes sociales que en actos como los miniinformes. De la misma manera, la transparencia es ya —en no pocos países—, una labor que puede realizarse —de haber voluntad política para concretar ese objetivo— mediante el uso de tecnologías al alcance prácticamente de todos.

¿A qué se debe entonces, lo que más parece necedad que deseos de informar, de rendir miniinformes los cuales, por el poco tiempo transcurrido, es poco o nada lo que podría informar? ¿Acaso es, como dije arriba, una simple estrategia política para estar vigente de manera permanente en los espacios mediáticos?

Una de las prácticas a la que recurren los gobiernos populistas de izquierda o derecha y los gobernantes que los encabezan, es recurrir a los actos masivos donde están en estrecho contacto con los suyos. En ellos, lo que se busca es lanzar un mensaje que divide y señala adversarios; es un recurso que, las más de las veces pretende esconder las fallas y limitaciones del gobernante que informar acerca de cómo van las cosas.

La razón de no informar acerca de cómo van las cosas, es fácilmente entendible: van mal e irán peor. De ahí la necesidad del gobernante populista de inventar adversarios a los cuales, él culparía de todo error y toda decisión equivocada. Un gobernante así, jamás acepta ni aceptará que se equivoca; siempre está y estará la excusa salvadora y el malo de la película al que echará todas las culpas.

América Latina es pródiga en este tipo de gobernantes: Lázaro Cárdenas, Echeverría, López (P) y López (O); Perón y Evita; Néstor Kirchner y Cristina Fernández; Luiz Inácio da Silva, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega y por supuesto, los Hermanos Castro entre muchos otros.

Ante los desastres que los que fueron gobernantes populistas generaron, ¿cómo entender la propensión actual de algunos a jugar el mismo papel, y todavía pretender informar, cuando sólo daños ha causado en estos cien días? Lo más absurdo, ¿por qué pretender de nuevo querer destruir un país? Y lo peor, ¿cómo explicar que decenas de millones de habitantes aplaudan, y hayan entregado su voto al que pretende llevarlos al precipicio?

Hoy, México enfrenta, sin duda, la más seria amenaza a su estabilidad económica y política vista en varios decenios. En un tiempo exageradamente corto, los daños causados por quien nos gobierna con una visión populista son más que evidentes. Ante esto y sus efectos, ¿cómo explicar la popularidad del que trabaja permanentemente con una visión caduca y contraria a toda gobernación responsable, anclada en los años 60 y 70 del siglo pasado?

Ante la realidad que este gobierno se empeña en profundizar y extender a todos los ámbitos de la vida nacional, ¿qué hacer para detener esta locura? ¿Qué hacer y decir para exhibir hoy lo que de nada hacer, mañana será una debacle sin parangón en el México moderno?

Dado lo escrito en párrafos anteriores, ¿su posición es coincidente con aquélla de los que afirman que la economía va muy bien, e irá mejor? De serlo, ¿qué elementos concretos tendría para soportarla? ¿Podría su posición ser resultado de su ignorancia en materia económica, o de la envidia social llevada al extremo?

 

¡Pobre país!