Más de 37 millones de personas en todo el mundo tienen insuficiencia cardíaca, una dolencia sin cura que impide al corazón bombear la sangre con la fuerza suficiente para llegar al resto de los órganos del cuerpo.

La insuficiencia se asocia a afecciones como la diabetes, el sedentarismo, la enfermedad coronaria, la hipertensión y la obesidad, y los tratamientos buscan atenuar los síntomas: retención de líquidos en piernas, abdomen o pulmones, y mareos, desmayos y fatiga.

Otros tratamientos usan dispositivos para bombear la sangre y, en algunos, es necesario hacer un trasplante de corazón.

Un estudio, liderado por científicos de la Universidad de Pensilvania publicado ayer en “Science”, registró los nutrientes que entran y salen en los latidos de un corazón humano sano y de un corazón enfermo.

El análisis proporcionó la primera imagen detallada de la captación y liberación normal de metabolitos en el corazón, una instantánea de referencia que se podrá ampliar en futuros estudios, afirman los investigadores.

El estudio detectó con fiabilidad 277 metabolitos en la sangre de los participantes, y descubrió que para 65 de ellos, los niveles que salían del corazón eran “significativamente diferentes de los niveles que entraban”.

El equipo también realizó algunas comparaciones iniciales para resaltar lo que pueden ser características únicas del metabolismo cardíaco normal.

Por ejemplo, los datos indicaron que el corazón, en comparación con las piernas, depende mucho más de la absorción de pequeñas moléculas orgánicas llamadas ácidos grasos (probablemente una fuente de energía).

Al mismo tiempo, el corazón libera cantidades relativamente grandes de una clase diferente de moléculas llamadas aminoácidos (los bloques de construcción y productos de descomposición de las proteínas) lo que indica que “una descomposición relativamente intensa” de las proteínas dentro del corazón es una de las formas de alimentación del músculo cardíaco.

Una gran diferencia entre los corazones sanos y los que fallan fue que estos últimos consumieron más cetonas (moléculas que el cuerpo utiliza para convertir grasas almacenadas en energía) aunque los investigadores sospechan que esta disparidad puede haberse debido simplemente al paso más lento de la sangre a través del corazón, permitiendo un mayor tiempo para la absorción de las cetonas.

Comparado con los corazones normales, los que fallan también liberaron más aminoácidos, lo que sugiere una mayor descomposición y renovación de proteínas.

El siguiente paso es “hacer pruebas rigurosas en modelos de animal; después, podremos volver a los estudios en humanos con una comprensión mucho más profunda y nuevos conocimientos sobre cómo mejorar la función cardíaca en la insuficiencia cardíaca”, concluye el autor principal del estudio, Zoltan Arany .