CIUDAD DE MEXICO.-Septiembre 18 del 2020.-Desde su origen, las civilizaciones humanas están ligadas al recurso acuático. Gracias al agua se puede hacer un mejor desarrollo de los grupos sociales. Su ausencia, ya sea por contaminación, privatización o inexistencia, da como resultado un estancamiento económico que deteriora la calidad de vida de las comunidades.

Con esta premisa, la Dra. Miriam Guadalupe Bojórquez García, académica de la Facultad de Ciencias de la UNAM Juriquilla, ofreció una perspectiva detallada de los diferentes bioindicadores que pueden considerarse para determinar la calidad de los mantos acuíferos.

La conferencia, organizada por la Licenciatura en Ciencias Ambientales y Desarrollo Sustentable de la IBERO Puebla, se centró en las cuencas hidrológicas debido a su relevancia en los asentamientos humanos. Como ejemplo, se refirió a la cuenca del río Magdalena, la cual abarca el 4% del suelo de la Ciudad de México. El crecimiento acelerado de la ciudad y la indefinición de su estatus legal han ocasionado un deterioro en su cobertura vegetal.

Bojórquez García explicó que la cuenca todavía tiene la energía para soportar especies de animales e insectos en sus partes altas, misma que se degrada conforme se acerca a la zona urbana. Actualmente se pueden ver 780 especies de plantas y más de cien especies de aves.

Con base en ello, se comenzó a valorar el concepto de la cuenca hidrológica, misma que debe demarcarse por límites naturales y no políticos. Manifestó que las cuencas son unidades de terreno definidas por la conformación de relieves que tienen múltiples puntos de salida.

La calidad del agua se mide a partir de la probabilidad que tiene la población de contraer enfermedades en función de las características físicas, químicas y microbiológicas de ésta. El índice de calidad del agua (ICA) ofrece una escala porcentual para conocer la calidad del manto acuífero, lo cual sirve para decidir el uso que se le dará al mismo.

Para la investigadora, la visión de la calidad del agua es muy estrecha, pues se piensa como un bien de consumo. Por ello, propuso comenzar a utilizar el concepto de estado ecológico (EE) para realizar un análisis global de la salud del sistema acuático. “Ese lugar puede no darme un servicio directo de consumo de agua, pero sí de conservación de la biodiversidad y regulación del clima”, ilustró Miriam Bojórquez.

La evaluación del EE no sólo se atiene a los estados químicos y microbiológicos, sino a otros factores biológicos más específicos. Es importante contar con sitios de referencia que estén cercanos a los valores originales o de escasa alteración y que concentren contaminación mínima, así como factores de valoración que determinen el estado ecológico de las cuencas.

 Las cuencas representan suministros de agua dulce; permiten la regulación de flujo de agua y el mantenimiento de su calidad; suministro y protección de recursos naturales; regulación del clima, y conservación de la biodiversidad.

Existen tres tipos de indicadores: los ambientales, que reflejan directamente el estado abiótico o biótico del ambiente; los ecológicos, que muestran el impacto de cambios ambientales sobre un hábitat, y los de biodiversidad, que son indicativos de una taxa en un área definida.

Uno de los bioindicadores más importantes se encuentra en las algas. Esto se debe a su presencia permanente y su papel en el ingreso de energía en el ambiente acuático. “Las algas y los macroinvertebrados cumplen con las características de una especie indicadora: fáciles de colectar, trabajo económico y respuesta a cambios ambientales”, añadió la investigadora.

La Dra. Miriam Bojórquez añadió que cuando las algas presentan múltiples formas, el sistema tendrá una buena calidad; si la muestra de algas es homogénea, el sistema está siendo alterado de manera importante. Estas plantas permiten la formación y estabilidad de los sedimentos, además de formar parte de los procesos de alimentación y refugio para la biodiversidad. Cuando las algas se modifican, su alteración se verá reflejada en todo el sistema acuático.

Para concluir, la especialista compartió algunos proyectos de investigación que han puesto en práctica el estudio de la calidad del agua con base en indicadores. En un primer ejercicio, se utilizaron diatomeas epilíticas para realizar un diagnóstico ambiental del río Querétaro.

Se seleccionaron tres sitios de estudio y uno de referencia, registrando 59 especies repartidas en 26 géneros. En el sitio de referencia existía mayor riqueza de especies, mientras que la disminución de la diversidad se presentó conforme al incremento de la concentración de nutrientes, conductividad, la temperatura y sólidos disueltos totales.

El segundo análisis empleó diatomeas y macroalgas bentónicas para medir el estado ecológico en ríos de la subcuenca Valle de Bravo-Amanalco. En este estudio se obtuvo que los índices de contaminación orgánica eran moderados y bajos. Esto quiere decir, concluyó Bojórquez García, que la cuenca tenía sitios en buen estado en ingresos de materia orgánica.